Historia de Jugadores Anónimos
La confraternidad de Jugadores Anónimos es el resultado de un encuentro fortuito entre dos hombres en enero de 1957. Ambos tenían una historia terrible de problemas y miseria debido a su obsesión por el juego. Comenzaron a quedar con frecuencia y, a medida que pasaron los meses, ninguno volvió a jugar.
Llegaron a la conclusión a partir de sus conversaciones que, con el propósito de evitar una recaída, era necesario introducir ciertos cambios en su interior respecto a su carácter. Para ello, utilizaron a modo de guía unos principios espirituales seguidos por miles de personas que intentaban recuperarse de otras adicciones compulsivas.
La palabra espiritual se puede emplear para describir las características de la mente humana representativas de las cualidades más elevadas, como la bondad, la generosidad, la honestidad y la humildad. Además, con el fin de mantener su propia abstinencia, se dieron cuenta de que era de vital importancia llevar el mensaje de esperanza a otros jugadores compulsivos.
Gracias a la publicidad favorable de un comentarista de televisión y columnista de un prominente periódico, el viernes 13 de septiembre de 1957 se celebró la primera reunión del grupo de Jugadores Anónimos en Los Ángeles, Estados Unidos. Desde entonces, la comunidad ha crecido de manera constante, con la proliferación de grupos en todo el mundo.
Jugadores Anónimos es una confraternidad de hombres y mujeres que comparten sus experiencias, fortaleza y esperanza de poder solucionar su problema común y ayudar a otros a recuperarse de un problema con el juego.
El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar de jugar. No hay que pagar cuotas ni honorarios para ser miembro de Jugadores Anónimos, ya que nos autofinanciamos con nuestras propias aportaciones. Jugadores Anónimos no está afiliado a ninguna secta, religión, partido político, organización o institución; no desea intervenir en controversias y no respalda ni se opone a ninguna causa. Nuestro objetivo primordial es abandonar el juego y ayudar a otros jugadores compulsivos a conseguirlo.
La mayoría de nosotros no hemos querido admitir que teníamos un verdadero problema con el juego. A nadie le gusta pensar que es distinto a los demás. Por lo tanto, no es de extrañar que nuestras carreras como jugadores se hayan caracterizado por un sinnúmero de intentos infructuosos de demostrar que podíamos jugar como cualquier otra persona. La idea de que, de algún modo, algún día, conseguiremos controlar el juego es la gran obsesión de todo jugador compulsivo. La persistencia de esta ilusión es sorprendente: muchos siguen creyendo en ella hasta las puertas de la cárcel, la locura o la muerte.
Hemos aprendido a aceptar plenamente en lo más íntimo de nuestro ser que somos jugadores compulsivos. Este es el primer paso de nuestra recuperación. Debemos erradicar el engaño de que somos o podemos llegar a ser como otras personas por lo que respecta a los juegos de azar.
Hemos perdido la capacidad de controlar el juego. Sabemos que ningún jugador compulsivo verdaderamente recupera jamás el control. Todos nosotros hemos tenido la sensación en ocasiones de que estábamos recuperando el control, pero esos intervalos —por lo general, breves— estuvieron inevitablemente seguidos de períodos con todavía menos control y que, con el tiempo, condujeron a una desmoralización lamentable e inconcebible. Estamos convencidos de que los jugadores como nosotros se hallan presos de una enfermedad progresiva. Al cabo de un período de tiempo considerable empeoramos, nunca mejoramos.
Por lo tanto, para poder llevar una vida feliz y normal, tratamos de poner en práctica en nuestro día a día ciertos principios de la mejor manera que podemos.
Contacto
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© 2026 Jugadores Anónimos R.I.S. | Diseño y desarrollo por
Camila Villalobos y Andrea Guinder
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